Haciendo cosas raras para gente normal
Ya que estamos, hablemos de lo que pasa con el rock de la "Melhor cidade do mundo", Hurlingham, claro: poca banda nueva, mucho cover por las redes; sustento de esos varios o clicks modernos .
Ahora bien, este trío llamado EL CODO no viene a cambiar la historia ni a hacer música innovadora que va a influenciar al futuro del rock en la ciudad, pero si vino a contar lo que para muchos fue la mejor (o una de las mejores) época en cuanto a música joven se dio en la década del 90, tapada de conflictos y ciudades que explotaban y el turco paseándose con una Ferrari. Ahí era cuando el rock emergía de las entrañas de los desangelados a los que había que rescatar y buscar ser ese faro que necesitaban como resistencia ante tanta desidia estatal.
Ahi bandas como los Divididos, La Renga, Los Piojos y otras tantas llenaron de electricidad y pogos varios lugares como Obras o Cemento, llevando todo a un lugar increíble al que hoy se lo refrita con bandas que muzzarelean esa época banalizando el rock y abusando de lugares comunes.
Pero el CODO toma lo mejor de esa época y tiene su propia usina para hacerlo: la electricidad visceral de la guitarra de Pequeño Juan le da sentido a toda esta porfia; el combo suena compacto y ajustado con la base firme como DNU de Millei; canciones urgentes y clásicas, como sabiendo que si viviste la década perdida de los 90 no te lo vas a olvidar jamás y que tu música se va a ver reflejada ahí para siempre, quizá porque ese rock que se hizo en aquellos años sirvió para el alivio de esas almas okupas sin sustento alguno, con un paisaje de fábricas cerradas y el caramelo de madera del dólar 1 a 1.
Ahora resta ver qué es lo que tiene El CODO para ofrecer; música y talento sobran y tienen con que dar batalla en esta escena que no deja de fotocopiarse.