Literatura

Un cuento de Teresa Noacco

La autora relata una sorprendente situación familiar de su infancia, que involucra a su abuelo y a Jorge Newbery.

FILOSOFÍA BARATA

Mi abuelo era muy amigo de Jorge Newbery. Entre los dos fueron a la Luna. O, mejor dicho, vivían en la Luna. Hay miles de anécdotas que confirman ese estado de ambos.

Cuando estaban más serenos, se conformaban con la idea de cruzar la Cordillera de Los Andes a bordo de un globo.

Hubo muchos preparativos para cumplir con ese soñado evento, pero al parecer las oraciones de mi abuela llegaron al altísimo: el abuelo enfermó bastante seriamente, lo dificultó su partida en globo con Newbery y le dio una momentánea tranquilidad a ella. De no haber sido por el azar, se hubiera quedado sola para criar siete hijos.

Mi abuelo me contaba de los afanes para realizar el viaje, cómo lo marcó la certeza de su incertidumbre, y por qué el destino lo había salvado de esa fatalidad. 

Cuando las copas en soledad lo hacían encontrarse con la dura realidad, sentía escalofríos. Ignoraba cuál sería el espejo que reflejara su íntima cobardía.

No se sabe la razón ni por qué tomó el camino del misticismo. Acaso quería borrar de su mente la lógica peculiar que da el odio, llenarla de amor.

Por las noches copiaba estampas de los santos que conseguía en la santería de la capilla de la Virgen de Lourdes. De mí, pretendía que copiara todos los salmos en letra gótica y se los cantara como pudiera.

La abuela no pudo soportar semejante cambio. Se volvió a Italia con sus dos hijos menores; los demás ya se habían casado.

Tal vez la respuesta a todo se la daría creer que no hay otro Dios que Dios.

 

SOBRE LA AUTORA

Teresa Noacco nació en San Martín, donde se crió con su hermana Coca y su hermano Armando. En 1959, al casarse con Domingo, se mudaron a Hurlingham, donde aún residen. Tuvieron cuatro hijas: Silvana, Viviana, Adriana y Fabiana.

Siempre ligada al arte, con su esposo tuvieron un local de antigüedades y producción de marcos y cuadros. Los intereses artísticos hicieron que primero se volcara a la pintura, con Domínguez como maestro. Durante varios años, el taller de pintura funcionó en el living de su casa. Expuso en numerosos lugares del Gran Buenos Aires y CABA, donde obtuvo distinciones y premios.

Como siempre le gustó escribir, desde hace ya unos cuantos años, la pintura fue cediendo horas a la escritura, casi al punto de eclipsarla en la actualidad. Asiste al taller de Literatura del Centro Cultural Quinquela Martín de Hurlingham desde hace una década. El cuento corto que se publica aquí obtuvo el Primer Premio en un concurso organizado en el municipio de José C. Paz. También fue premiada en la gobernación de la provincia de Buenos Aires. Escribió más de 60 cuentos cortos y ensayos sobre diversos temas.