Un proceso plagado de irregularidades

Nuevo COU: de espaldas a los vecinos

La reforma habilita megatorres en zonas residenciales y fábricas en los barrios. Bronca y miedos.

El intendente de Hurlingham, Damián Selci, logró la semana pasada que el Concejo Deliberante aprobara un nuevo Código de Ordenamiento Urbano (COU) plagado de irregularidades y que da la espalda a los intereses de los vecinos.

El nuevo COU se aprobó en tiempo récord (un mes después de que Selci lo anunciara en redes sociales) y un día antes de que juraran los nuevos concejales. En contraste con este apuro, la modificación del COU de 2019 demandó seis meses de debate, con la participación de vecinos y entidades intermedias.

En verdad, el paisaje urbano de Hurlingham ya viene cambiando. Un ejemplo son las moles de cemento de Avenida Roca, las cuales además avanzan sin ningún tipo de mejoras en los servicios de la zona. Allí donde vivían dos o tres familias, ahora vivirán cientos de ellas. ¿Qué pasará -por ejemplo- cuando en días de calor todos usen el aire acondicionado?

A mediados de año ya se habían aprobado vía excepción varios emprendimientos inmobiliarios, votados en el Concejo Deliberante por 19 contra 1. Entre esos emprendimientos, el más impactante es el barrio cerrado en Combate Pavón, detrás del Hurlingham Club, que constará de 11 torres y un shopping. Las obras ya comenzaron.

El nuevo COU de Selci, votado la semana pasada por 15 a 4, sigue esta misma línea de negocios inmobiliarios que avanzan sobre zonas verdes y áreas residenciales, pero esta vez pega un salto cuantitativo mucho mayor en la modificación del perfil urbano de Hurlingham.

Las torres ya no deberán limitarse a avenidas como Roca y Vergara: podrán levantarse entre casas bajas en los barrios que fueron autorizados por el nuevo COU, que también contempla que las fábricas puedan ocupar espacios más cerca del casco urbano, en zonas donde en la actualidad viven cientos de familias, como Parque Quirno.

Aunque no estaría mal que los vecinos tengan una idea romántica de la ciudad donde viven y pagan sus impuestos, aquí la preocupación es otra: Hurlingham no tiene una estructura que pueda absorber los cambios votados en el nuevo COU. Es muy preocupante el efecto que en la calidad de vida provocará el nuevo trazado urbanístico.

En ese sentido, no hubo estudio (serio) de impacto ambiental ni hidráulico para el nuevo COU. Tampoco se analizó el suelo donde se levantarán torres de hasta 11 pisos, como en el Barrio de los Ingleses.

El tema tránsito ya es complicado, y con estos cambios urbanísticos las dificultades se incrementarán fuertemente. No se cumplió con el requisito establecido en el Municipio de comunicarse con los vecinos que se verán afectados por los cambios. El texto del COU tampoco fue de fácil acceso para quienes querían informarse. El municipio puso en marcha todas las trampas posibles para que no se conociera el texto.

Otro aspecto preocupante es que las propiedades perderán valor al tener zonas fabriles cerca y al situarse en zonas de altas torres con los perjuicios de estacionamiento y funcionamiento de los servicios. En rigor, en materia inmobiliaria, este cambio urbanístico afectará a todo el partido de Hurlingham.

Si bien se hizo una audiencia (no vinculante) antes de la votación del COU, no estuvo a la altura del debate que se necesitaba para analizar los profundos cambios impulsados por el Municipio. El encuentro, multitudinario y copado por La Cámpora y empleados municipales reclutados para ocupar espacios, logró su objetivo: que no sirviera para nada.

Hubo fuertes críticas a la gestión municipal en general, pero los vecinos apenas pudieron plantear algunas dudas y rechazos sobre el nuevo COU. De todos modos, tras cada intervención crítica, le respondía un supuesto vecino a favor del COU, que previamente había sido asesorado por cuatro abogados del Municipio. Los vecinos de edad avanzada optaron por retirarse del lugar sin poder hablar, debido a que no había comodidad para ellos.

También fue un escándalo el día que se votó el COU en el Concejo Deliberante. La Cámpora habían copado estratégicamente las escaleras que llevan al recinto para que nadie en contra del proyecto pudiera estar presente en la votación. Los vecinos tuvieron que esperar en la calle, bajo el rayo del sol. Y muchos vivieron situaciones amenazantes. Está claro que el COU lo querían votar a cualquier precio.

En campaña para la intendencia de Hurlingham, Máximo Kirchner le había “advertido” al entonces candidato Selci que cuando fuera intendente ni se le ocurriera levantar torres. Selci se rió y negó con la cabeza que fuera a impulsar esa acción. En el cuadro de esa burda escena, también aparecían un concejal y una concejala del oficialismo riéndose y diciendo que no. Por supuesto que ahora levantaron bien alto la mano para abrir paso a torres, fábricas y otros negocios.

¿Qué pasó en el medio para que el gobierno municipal defienda ahora con uñas y dientes los intereses de desarrolladores, inmobiliarios e industriales?

“No se opongan al progreso”, suele ser el cliché con el que defienden el enchastre que plantea el nuevo COU. Varios grupos de vecinos bregan para establecer canales de diálogo con concejales y funcionarios municipales. Pero salvo muy raras excepciones, el oficialismo se maneja de espaldas a la gente. Cuanto más lejos, mejor.

Los vecinos no se oponen al progreso, todo lo contrario. Quieren ser parte del desarrollo de Hurlingham, pero respondiendo con acciones sensatas y racionales, sin lesionar la calidad de vida del hogar de todos.