A 15 años de su partida

Alejandro Sokol, el halcón y el ruiseñor

El autor traza una analogía sobre la figura del Bocha en base a textos de filósofos, pensadores y escritores.
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Alejandro Sokol, el halcón y el ruiseñor

Sokół. Traducción del polaco al español: Sustantivo. Halcón (masculino). 

Halcón y ruiseñor en la misma persona y a la misma vez y al mismo tiempo, acaso Alejandro Sokol (30/1/1960 – 12/1/2009) haya alterado la fábula de Hesíodo (700 a.c.).

"Así habló un halcón a un ruiseñor de variopinto cuello mientras le llevaba muy alto, entre las nubes, atrapado con sus garras. Éste gemía lastimosamente, ensartado entre las corvas uñas y aquel en tono de superioridad le dirigió estas palabras: '¡Infeliz! ¿Por qué chillas? Ahora te tiene en su poder uno mucho más poderoso. Irás a donde yo te lleve por muy cantor que seas y me servirás de comida si quiero o te dejaré libre. ¡Loco es el que quiere ponerse a la altura de los más fuertes! Se ve privado de la victoria y además de sufrir vejaciones es maltratado'."  

Como aquello que dijo alguna vez el séptimo de la primera fila de la tapa del disco Sgt. Peppers de The Beatles, el psiquiatra Carl Jung, autor de la teoría de la sincronicidad, “ningún árbol crece hasta el cielo sin que sus raíces alcancen el infierno”.

Desde lo literario, al menos, la búsqueda apunta a ese tránsito metafórico entre uno y otro, entre la traducción al español de su apellido –vaya coincidencia- y el ruiseñor cantor de la fábula griega. O entre el cielo y el infierno en los dichos de Jung, lo que haya alcanzado primero.

“En medio del viaje de la vida, me encontré dentro de una selva oscura, con la senda recta para mi pérdida” dice el Canto I del Infierno del Dante. Y con esa cita, Dave McKean inicia una narrativa de dos historias en simultáneo del comic que lleva de título “Raptor: una novela gráfica de Sokól”. Me resisto a ceñirme únicamente a la homonimia existente entre un Sokol y otro.

Porque el Sokol protagonista de "Raptor" es un cazador de monstruos en un mundo irreal poblado de “hombres grises, tristemente humanos” y que se hace acompañar por un halcón. La otra, la otra historia, es la de la vida de Arthur, un escritor galés del siglo XIX que inicia un viaje de introspección a partir de la pérdida de su amada.

“Todos los relatos que hallan sus frecuencias resonantes en nuestro interior empiezan con un descenso, una caída”, dice.  Y de eso va a tratarse siempre esta historia.

 

(Marcelo Fiori Quercetti es el donante de la estatua de Alejandro Sokol ubicada en el predio ferroviario de la  Estación Hurlingham)

Alejandro Sokol, el halcón y el ruiseñor
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