Bariloche: el misterio del caserón "Villa Sokol"
En el barrio Melipal, de Bariloche, un caserón ahora en remodelación pero que muestra aun así el esplendor de otros tiempos exhibe una hermosa sorpresa para los amantes del rock, y en especial para los de Hurlingham.
El chalet de dos plantas está a 4 km del centro de la ciudad, en una calle de ripio a una cuadra de la Avenida Pioneros. En medio de una espesa arboleda y flores multicolores que crecen en cada rincón del barrio, la construcción balconea al destellante horizonte turquesa del Nahuel Huapi.
Está ubicado a una cuadra del cuartel de bomberos, en una esquina con nombres de calles que parecen haber sido elegidos como un chiste para agudizar contradicciones: Roca y Belgrano.
En el frente de la casa un cartel llama la atención y dispara la sorpresa: hecho en mampostería, con letras blancas que calan sobre un fondo negro, dice “Villa Sokol”. Hay otro a un costado de la construcción, colocado mucho más alto. Tiene la misma leyenda, el mismo diseño y el mismo tipo de letras.
Las preguntas surgen al mismo tiempo que la sorpresa al ver el cartel: ¿Es pura casualidad? ¿Hay una zona en este barrio que se llama Villa Sokol? ¿El cartel es en homenaje al Bocha?
A una cuadra, una señora bastante mayor que se mudó a Bariloche desde Adrogué hace 20 años, está regando casi a las 9 de la noche bajo los últimos rayos de sol un enorme sector de hermosas y silvestres flores espigadas de color violeta. No sabe bien qué había antes en el caserón, nunca le prestó mucha atención. “Me parece que se alquilaban cuartos, alguna vez vi a la noche chicos en la puerta tocando la guitarra y tomando cerveza”, cuenta.
Como tantas otras cosas, la respuesta al significado del cartel estaba en Internet. Villa Sokol era una hostería que funcionó hasta hace poco tiempo. Parece que estaba bastante bien y que los precios del alojamiento eran accesibles.
Unos vecinos de la zona me dicen que los dueños de la hostería "eran medianamente jóvenes, medio hippies, siempre escuchando música en los autos y que a veces andaban con guitarras". No más preguntas. El cartel es por el Bocha. No queda otra.
A la mañana siguiente, el trabajo en el caserón Villa Sokol era frenético. Llegaban camionetas con maderas, algunos albañiles martillaban una pared y otros revocaban otro sector de chalet. “Es un caserón sólido, pero medio venido a menos. Lo están remodelando en forma total”, comenta un obrero que hace una mezcla en un balde de metal sobre el ripio de la calle Belgrano.
Le cuento que Sokol “era músico, uno de los grandes del rock nacional, pero sencillo, humilde, que le gustaba ser un tipo de barrio”.
“Que bueno eso”, me dice y acota: “No lo conocía”.
Se me ocurre decirle que no saquen el cartel porque Sokol trae suerte. “Rompimos mucho en el frente y nadie nos dijo que saquemos el cartel, me parece que queda”, contesta.
El hombre se va con su balde cargado de cemento y a los pocos metros, sin dejar de caminar, voltea la cabeza y con una sonrisa dice: “A mí me gusta el folclore, pero si ese Sokol trae suerte, no voy a dejar que saquen el cartel”.
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