Los caminos de la vida
Walter Arce, con la música de Hurlingham a Suecia
Aquí tuvo bandas punk y una sala de ensayo. Vive en Mölnlycke. Está terminando un EP que habla de Barrio Luna. Videos.
En Hurlingham son las 7 de la tarde de un lunes cualquiera y hace 30 grados. Está pesado y aun hay un sol de rayos gallardos que se resisten a languidecer. En Mölnlycke, Suecia, son las 11 de la noche y la temperatura marca 8 grados bajo cero. El sol se asomó a las 10 de la mañana y a las 4 de la tarde se hizo de noche.
“El clima está bastante amable hoy; veníamos de varios días de 20 grados bajo cero de temperatura”, aclara Walter Arce, un músico de Hurlingham que hace 17 años se fue del país buscando un tiempo de aventura, un viaje tras el deseo de conocer otras geografías, otros sonidos y otras culturas. Los caminos de la vida hicieron que se radicara definitivamente en Europa. "Sin tener mucho planeado, me fui quedando y ya no volví", relata.
En esta época del año, en Suecia hay pocas horas de luz natural y el sol es bastante tenue: “Nunca se pone arriba, nunca cae en forma vertical; lo ves en el horizonte y va como “costeando”, siempre como si fuese un atardecer”, explica Walter sobre el invierno en Mölnlycke, un pequeño pueblo de alrededor de 20 mil habitantes, situado a 8 kilómetros de Gotemburgo, la segunda ciudad más importante del país.
Adolescencia entre el punk, el metal y el hardcore
Es extraño: Walter habla por celular con Planeta Hurlingham desde su casa de Suecia, a casi 13 mil kilómetros de distancia de Buenos Aires, y su voz es escuchada por este cronista a cinco o seis cuadras de la casa de Barrio Luna donde vivió en su infancia y su adolescencia. “No lo puedo creer, conozco de memoria todo ese barrio”, se asombra.
Toda su juventud estuvo ligada a la música. En Hurlingham integró dos bandas: Gangrena, una formación cultora del punk donde era la voz principal, y Ness, un grupo que hacía metal y hardcore, donde era vocalista y tocaba el bajo.
Tuvo una sala de ensayo en Barrio Luna, conocida como la sala de Gluck, por la cercanía con la placita de ese barrio, o la sala de Walter. “Trabajaba muchas horas todos los días, fue muy cansador”, apunta Walter.
Corría entonces el año 2007 y viajó a España, donde vivió tres años. En Barcelona se puso de novio con una sueca, se mudaron al país escandinavo en 2010 y tuvieron una hija que hoy tiene ocho años.
Un EP que habla de Hurlingham
En su casa de Mölnlycke, Walter tiene un pequeño estudio. Allí grabó dos discos instrumentales y ahora está en el tramo final de grabación de un EP con seis temas, uno de ellos titulado Barrio Luna, donde alude a las vivencias de su barrio de la adolescencia y a un asalto en la puerta de su casa del cual salió vivo milagrosamente.
En esos trabajos lo acompaña un amigo en batería y bajo. Lejos del punk de la adolescencia, ahora su música está más vinculada al pop y al rock-canción, con una fuerte apuesta a la poesía.
En Suecia integró la banda “Fred på jorden”, donde era percusionista. “Además, cantaba dos temas en castellano. La gente es muy buena onda acá y apoya a los artistas. Eso es muy motivador. Entre los jóvenes, la música de otros países y culturas les resulta muy interesante”, cuenta Arce.
Agrega que en Suecia hay muy buenas bandas, que lo que más se escucha es el metal, pero que “son bastante abiertos musicalmente”.
En su pueblo y en Gotemburgo hay un pequeño circuito de bares y cafés donde se presentan músicos. Allí Walter brindó shows junto con un amigo que lo acompañaba en percusión y bajo.
“Los suecos se persiguen con el estigma de ser poco sociables, y eso hace que se produzca un efecto contrario, que salgan bastante a los bares y restaurantes. Es gente muy cálida y agradable”, apunta.
Aunque está muy adaptado a la vida en Suecia, Walter cuenta que extraña de la Argentina el latido emocional, la amistad, el abrazo, la desbordante afectuosidad latina.
La última vez que estuvo en Hurlingham fue poco antes de que se declarara la pandemia de covid. Más allá de disfrutar del reencuentro con familiares y amigos, cuenta que, en sus visitas, disfruta mucho de salir a caminar por las calles de la ciudad.
“Hay una vibra muy especial en Hurlingham, que hasta incluye lo que pasa a nivel musical. Es difícil definir qué tiene de distinto, pero sin dudas se trata de un lugar con una esencia única y muy especial”, señala Walter. Y remata: “A miles de kilómetros de distancia, pienso en Hurlingham y me produce una sensación de alegría y una gran emoción”.
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(Dos videos de Walter)